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Versos Sencillos
por José Martí

     

Indice:    XXV    XXVI    XXVII    XXVIII    XXIX    XXX

 

XXV

Yo pienso cuando me alegro
Como un escolar sencillo,
En el canario amarillo,-
Que tiene el ojo tan negro!

Yo quiero, cuando me muera,
Sin patria, pero sin amo,
Tener en mi losa un ramo
De flores,- ¡y una bandera!

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XXVI

Yo que vivo, aunque me he muerto,
Soy un gran descubridor,
Porque anoche he descubierto
La medicina de amor.

Cuando al peso de la cruz
El hombre morir resuelve,

Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve
Como de un baño de luz.

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XXVII

El enemigo brutal
Nos pone fuego a la casa:
El sable la calle arrasa,
A la luna tropical.

Pocos salieron ilesos
Del sable del español:
La Calle, al salir el sol,
Era un reguero de sesos.

Pasa, entre balas, un coche:
Entran, llorando, a una muerta:
Llama una mano a la puerta
En lo negro de la noche.

No hay bala que no taladre
El portón: y la mujer
Que llama, me ha dado el ser:
Me viene a buscar mi madre.

A la boca de la muerte,
Los valientes habaneros
Se quitaron los sombreros
Ante la matrona fuerte.

Y después que nos besamos
Como dos locos, me dijo:
Vamos pronto, vamos, hijo:
La niña está sola: vamos."

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XXVIII

Por la tumba del cortijo
Donde está el padre enterrado.,
Pasa el hijo, de soldado
Del invasor: pasa el hijo.

El padre, un bravo en la guerra.
Envuelto en su pabellón
Álzase: y de un bofetón
Lo tiende, muerto, por tierra.

El rayo reluce: zumba
El viento por el cortijo:
El padre recoge al hijo,
Y se lo lleva a la tumba.

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XXIX

La imagen del rey, por ley
Lleva el papel M Estado:
El niño fue fusilado
Por los fusiles del rey.

Festejar el santo es ley
Del rey: en la fiesta santa
¡La hermana del niño canta
Ante la imagen del rey!

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XXX

El rayo surca, sangriento,
El lóbrego nubarrón:
Echa el barco, ciento a ciento,
Los negros por el portón.

El viento, fiero, quebraba
Los almácigos copudos;
Andaba la hilera, andaba.
De los esclavos desnudos.

El temporal sacudía
Los barracones henchidos:
Una madre con su cría
Pasaba dando alaridos.

Rojo, como en el desierto,
Salió el sol al horizonte:
Y alumbró a un esclavo muerto,
Colgado a un seibo del monte.

Un niño lo vio: tembló
De pasión por los que gimen:
Y, al pie de] muerto, juró
Lavar con su sagre el crimen!

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